IN MEMORIAN Óscar Garrido
Viernes, 24 de Septiembre de 2010 13:40

Óscar Garrido del Canto era, con mucho, un gran amigo para aquel que llegaba a tener la suerte de conocerle. No sólo grande en cuanto a espíritu, contenido y sentido positivo de su amistad, sino también porque era toda una red social. Por eso me gusta definir a Óscar como un auténtico facebook social. Él era el nexo de unión de toda una red de contactos, ámbitos, situaciones, eventos, lugares, etc. Desde Boiro hasta Nüremberg, pasando por Pamplona, Madrid, Canarias y, por supuesto, sus dos bases o cuarteles generales, León y Coruña, donde tenía no una, ni dos, ni tres sino cuatro o cinco pandillas, que a la vez se conocían entre sí gracias a él. Él era la conexión, el meeting point, como le gustaría decir, pues con esos tecnicismos seguía engrasando su inglés. Mientras que, en el ámbito laboral su red se extendía desde General Electric, Grupo TeleInformática, Gadisa, pasando por esta casa de La Voz, Denodo, Kina Fernández o, dentro de Professional Training, el foro e-Gallaecia, donde se implicó -como siempre- para traer a Rudolph Giuliani. Y en cuanto al ámbito familiar -marcado por la temprana muerte de su padre, en un desgraciado accidente de tráfico-, qué decir de este precoz pero concienzudo pater magister que ha sido para todos –mujer, madre, hermanas, sobrinos, primos, tíos, abuelos y demás-. Quizás de ahí se deba su característico carácter paternalista: “cuéntame ..., qué tal todo ..., si te puedo ayudar ..., confía en mí ..., hazme caso ...” eran expresiones propias y más que habituales en él.

 

En mi caso, sólo le bastó su don de hacerse amigo, un agua con gas y un poco de churrasco –su comida preferida, junto la fast food- para convencerme de seguir con el proyecto de Sondaxe. También capitaneó el rescate que le hicimos a Tele 5 en las elecciones vascas del año 98, digno de figurar en los anales de la demoscopia y donde además conocí a la que hoy es mi mujer y madre de mi hijo. Así, se podría decir que en dos aspectos tan importantes de mi vida –mi trabajo y mi matrimonio- Óscar jugó un papel más que destacado, estaba ahí, canalizando situaciones, circunstancias, personas y demás escenarios en los que se implicaba.

 

Poner a toda caña a los Mojinos Escozios en su coche -un Mazda 323 que se había traído de Canarias-, con su Director General o el político de turno, también formaba parte de ese enCanto -de ahí su segundo apellido- que lo hacía irresistible. Pero musicalmente hablando, haber podido escuchar a su siempre grupo fiel Los Secretos, el 4 de julio (día de su cumpleaños), en su León natal, fue para él toda una combinación astral.

 

Por desgracia, también una desafortunadísima combinación de hechos relacionados con su salud nos han privado de su presencia física. Aunque -como dijo una de sus hermanas, “falta el maquinista”, pero los vagones que ha ido engranando hasta formar un largo “tren siguen adelante”, gracias a su espíritu risueño y positivo con el que lo envolvía todo. Por eso también, a pesar del tortuoso calvario que pasó con su enfermedad –y que llevó, junto con su inseparable Marga, con una entereza y espíritu dignos de cualquier héroe al uso-, su habitación del hospital parecía una oficina, con su ordenador portátil, notas por todas partes, su agenda siempre abierta y rebosando ideas y proyectos. Entre ellos, el de crear una Fundación para coordinar los bancos de células madre, idea que se le ocurrió y empezó a gestar al comprobar –lamentablemente de primera mano- que hacía falta poner en común los bancos de cordones umbilicales, los de médula espinal y demás aspectos relacionados con la donación, de la que acabó siendo casi tan forofo como de su irrenunciable Barça.

 

Así era Chacho, mejor dicho, un poco de él, porque Óscar era y es mucho.

  Gabriel Vázquez (para él, Gabito)